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KG MAKE ME HAPPY| «Los kg me hacen feliz»

 Nos han enseñado, en general a las mujeres, a odiar los kilos. Así, en general. Nos han enseñado que tenemos que pesar poco, que la báscula tiene que marcar números cada vez más pequeños, que la cinta métrica tiene que dar valores pequeños, nuestra talla tiene que ser pequeña. Nos han hecho creer que no podemos ser felices si el número en la báscula aumenta.

Pero nadie nos ha contado que si el número en la báscula va bajando, la felicidad también. Que si los kilos cada vez son menos, tu nivel de energía también disminuye, que tu humor va a peor y que tus ganas de hacer cosas también disminuyen. Si el número de la báscula baja, la apatía crece, y la tristeza también. Que desapareces junto con los kilos. Nos han vendido que menos kilos es igual a felicidad. Y la verdad es que suena tan convincente que asi lo aprendemos muchas veces, y casi nos lo creemos del todo, pero al final no.

Casi me nos lo creímos del todo, pero descubrimos que sumarle kilos a la barra es la forma de diversión más guay que existe, y que además es incompatible con lo de bajarlos de la báscula. Casi nos lo creímos por completo, pero descubrimos que sumarle kilos a la barra se asemeja más a la felicidad que no bajarlos de la báscula. Casi nos lo creímos, porque también casi nos creímos que no debíamos vernos grandes, o con demasiada masa muscular, que eso no es “femenino”. Pero, ¿quién es nadie para decidir qué es femenino y qué no lo es?  Así que casi nos creímos todo eso, pero al final nos dimos cuenta de que no. De que no odiamos los kilos, sinó que nos hacen muy muy felices. 

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